Declaración de la AMM sobre los Problemas Éticos de Pacientes con Enfermedades Mentales


Adoptada por la 47ª Asamblea General Bali, Indonesia, septiembre 1995,
y revisada por la 57²¹ÌýAsamblea General de la AMM, Pilanesberg, Sudáfrica, octubre 2006,
la 66ª Asamblea General de la AMM, Moscú, Rusia, octubre 2015
y la 77ª Asamblea General de la AMM, Róterdam, Países Bajos, octubre de 2026

 

INTRODUCCION

Para alcanzar el máximo nivel de salud, la salud mental y el bienestar deben valorarse, financiarse y apoyarse en igual medida que la salud física. Más de mil millones de personas viven con una enfermedad mental, esto convierte a las enfermedades mentales en una de las principales causas de la carga mundial de morbilidad.

Los trastornos de ansiedad y depresión siguen siendo los más prevalentes. A nivel mundial, más de 700.000 personas mueren por suicidio cada año[1]. La salud mental y el bienestar deben ser considerados una prioridad de salud pública y un imperativo de derechos humanos, reflejados en la paridad en el financiamiento, el acceso y los resultados.

La adopción en 2006 de la constituyó un paso importante hacia la igualdad para todas las personas. Su objetivo es promover, proteger y fortalecer los derechos humanos y la dignidad de todas las personas con discapacidad, incluidas aquellas con trastornos de salud mental. Ya en 1966, el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales³ abordó el derecho de toda persona al disfrute del más alto nivel posible de salud física y mental.

La identificación de la salud mental y el bienestar para la implementación acelerada del 13º Programa General de Trabajo (PGT13) de la Organización Mundial de la Salud (OMS) constituyó un paso importante en alcanzar la igualdad en salud mental[2]. La OMS advierte que a nivel mundial más de mil millones de personas viven con problemas de salud mental y que los cambios en los factores sociales y ambientales, como la pobreza, la violencia, la desigualdad y la privación ambiental, pueden aumentar el riesgo de padecer problemas de salud mental. El uso de substancias psicoactivas también puede contribuir a su aparición o aumentar su progresión. La inclusión de la salud mental y el bienestar como parte de la cobertura universal de salud se plantea ahora como una necesidad importante.

En un llamado a la acción, la OMS y la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH) imaginaron un mundo donde todas las personas puedan llevar una vida sana y tener acceso a servicios de salud mental asequibles y de alta calidad, en base a un paradigma de salud mental basado en derechos y centrado en cada persona y donde las personas con afecciones de salud mental y discapacidades psicosociales puedan participar plenamente en su propia recuperación y participar en todos los ámbitos de la vida. En 2023, se elaboró una para ayudar a los países a adoptar, modificar o implementar legislación relacionada con la salud mental y el bienestar. En concreto, la guía fomenta la integración de la salud mental en la legislación general, en lugar de la adopción de leyes específicas para la salud mental. Cuando ya exista una ley específica al respecto, los países deberán revisarla para evitar regulaciones separadas o distintas y garantizar la protección de los derechos de los pacientes y la no discriminación.

Esta declaración de la AMM sobre los problemas éticos de los pacientes con trastornos mentales adopta una perspectiva más amplia, que va más allá del paradigma biomédico de diagnóstico, medicación y reducción de síntomas, y considera responsabilidades éticas centrales, determinantes sociales, como los entornos sociales, económicos y físicos a los que están expuestas las personas. Los determinantes sociales estructurales, incluidos la pobreza, la falta de vivienda, la discriminación, el desempleo, la desigualdad, el acceso inadecuado a la educación y a la salud y la implicación en el sistema de justicia penal aumentan significativamente el riesgo de enfermedad mental. Las condiciones ambientales y de vida, los conflictos violentos, el desplazamiento forzado, el trauma de niñez temprana y las violaciones generalizadas de los derechos humanos contribuyen substancialmente a la carga global de la salud mental. Los efectos de la guerra y los conflictos armados en la salud mental, así como el desplazamiento forzado resultante, son evidentes en muchas regiones del mundo. Estos efectos incluyen trastornos de salud mental como ansiedad, depresión, trastorno de estrés postraumático (TEPT), trastorno de adaptación, psicosis y dependencia de sustancias. La población civil, especialmente quienes han vivido experiencias que han puesto en peligro su vida, corre riesgo de desarrollar TEPT. Los entornos digitales que fomentan la comparación social, o el contenido dañino o la desconexión social también contribuye a la carga global de salud mental.

Por lo tanto, un paradigma adecuado debería abarcar enfoques basados en el trauma, orientados a la recuperación y comunitarios, y abordar los determinantes sociales mediante la colaboración intersectorial.

Las personas con enfermedades mentales graves y crónicas suelen tener necesidades significativas debido a su mayor probabilidad de vivir en circunstancias de discriminación y vulnerabilidad. Además, suelen presentar otras comorbilidades. Tienen el mismo derecho a la atención médica que cualquier otro paciente, incluido el acceso igualitario a servicios preventivos e intervenciones terapéuticas dirigidas a promover la salud y tratar enfermedades no psiquiátricas y a los servicios de diagnóstico por imagen, dada la base orgánica de ciertos trastornos. La rápida expansión de las herramientas digitales de salud mental, la telesiquiatría y el apoyo a la toma de decisiones mediante IA, junto a algunos beneficios, introduce nuevos riesgos éticos relacionados con la privacidad, la autonomía, el sesgo algorítmico y la responsabilidad clínica. El consentimiento informado válido, la minimización de datos y las protecciones contra el uso secundario discriminatorio son esenciales.

Se debe prohibir el desarrollo y la implementación de algoritmos comerciales diseñados para explotar vulnerabilidades psiquiátricas o estados emocionales con fines de lucro, y se deben imponer regulaciones estrictas contra el uso secundario no autorizado o la monetización de datos de salud mental por parte de plataformas digitales de terceros.

Los profesionales de la salud tienen las mismas obligaciones éticas con todos los pacientes, incluidos aquellos con trastornos de salud mental, para quienes algunas obligaciones éticas tienen un peso y una importancia particulares.

La obligación principal del médico es hacia la salud y el bienestar del paciente. Cuando exista un riesgo inminente y grave de daño significativo para el paciente o terceros, la divulgación de información confidencial sin el consentimiento del paciente puede ser necesaria para proteger una obligación ética significativa y prevalente, una vez agotadas todas las demás soluciones posibles y de conformidad con el Código Internacional de Ética Médica.

 

RECOMENDACIONES

La Asociación Médica Mundial insta a todas las asociaciones médicas, gobiernos, responsables políticos y demás partes interesadas, así como a los médicos y otro personal de la salud, a:

Cumplir con las obligaciones éticas hacia los pacientes afectados por condiciones de salud mental.

  1. Se debe prestar especial atención a la evaluación de la capacidad de toma de decisiones, el uso de mecanismos de consentimiento y la protección contra influencias indebidas.
  1. Los médicos deben garantizar el tratamiento de los pacientes de acuerdo con los principios del Código Internacional de Ética Médica y la Declaración de Lisboa de la AMM.
  1. Al realizar investigaciones con pacientes afectados por afecciones de salud mental, los médicos están obligados a respetar los principios de la Declaración de Helsinki. Los pacientes con problemas de salud mental deben ser incluidos de manera significativa en el diseño, la supervisión y la difusión de la investigación de acuerdo con las disposiciones de las Directrices éticas internacionales del CIOMS para investigaciones relacionadas con la salud en seres humanos.
  1. La recopilación, el almacenamiento y el uso de datos de salud de pacientes afectados por condiciones de salud mental deben seguir los principios de la Declaración de Taipei.

Priorizar la salud mental con la misma prioridad que la salud física

  1. Considerar la salud mental y el bienestar como parte integral del logro del más alto estándar de salud.
  1. Garantizar la integración de la salud mental en todas las estrategias y políticas de salud pública.
  1. Garantizar que los pacientes con enfermedades mentales tengan igual acceso a toda la atención médica física, incluidos los exámenes de detección, el diagnóstico, la derivación y el tratamiento, y que las evaluaciones clínicas no se vean distorsionadas por el ensombrecimiento del diagnóstico.Ìý
  1. Garantizar que se respete la confidencialidad médica, ya que constituye una protección fundamental de los derechos de los pacientes y un elemento esencial de la relación de confianza entre los médicos y sus pacientes.

Integrar la salud mental en la cobertura universal de salud

  1. Poner a disposición de todos servicios de salud mental asequibles y de alta calidad.
  1. Brindar atención basada en los derechos, centrada en el paciente y que empodere a las personas en su recuperación, incluyendo el acceso a apoyo entre pares, intervenciones psicosociales y toma de decisiones compartida.
  1. Abogar por la provisión de financiamiento adecuado, el desarrollo de capacidades y la protección de los presupuestos de salud mental frente a la reasignación.

Abordar los determinantes sociales de la salud mental

  1. Instar a los gobiernos a abordar los determinantes sociales y comerciales de las enfermedades mentales, como una vivienda adecuada, un empleo de buena calidad y nuestro entorno.
  1. Reconocer y responder a los impactos de la guerra y los conflictos violentos, el desplazamiento, el cambio ambiental y otras crisis globales en la salud mental.
  1. Promover la capacitación protegida para los trabajadores de la salud con el fin de que puedan reconocer y superar eficazmente estas barreras sociales.
  1. Trabajar para fortalecer la autonomía de los pacientes mediante la implementación de medidas para el refuerzo de su propia capacidad de decisión.
  1. Se insta a los gobiernos y a los responsables de formular políticas a establecer marcos legislativos y protecciones regulatorias sólidas y basados en evidencia -similares a los modelos internacionales emergentes – para gestionar y restringir el acceso de los jóvenes a plataformas digitales y algoritmos de redes sociales perjudiciales, para cumplir así con la obligación estatal y de salud pública de proteger las mentes en desarrollo frente a la explotación digital y los riesgos sistémicos para la salud mental.

Pasar de un modelo biomédico limitado a una atención integral.

  1. Crear programas de intervención temprana incluidos para las escuelas a fin de abordar el aumento de los problemas de salud mental en los jóvenes.
  1. Cualquier medida que implique atención sin consentimiento debe ser estrictamente necesaria y proporcionada a las circunstancias de la persona afectada. Solo podrá aplicarse por un periodo limitado, bajo supervisión judicial y sujeta a una reevaluación médica periódica.
  1. Prevenir los daños derivados de la medicalización excesiva: tener en cuenta los efectos secundarios de la medicación, el sobretratamiento y las intervenciones que puedan empeorar la salud mental. Garantizar que la intervención temprana se base en evidencia y no etiquete como trastorno el malestar normal.

Proteger y promover los derechos humanos en el tratamiento de la salud mental

  1. Armonizar las leyes nacionales de salud mental con las .
  1. Integrar las disposiciones sobre salud mental y bienestar en la legislación general, en lugar de basarse únicamente en las leyes específicas de salud mental.
  1. Respetar el derecho de los pacientes a tomar decisiones sobre su propia atención, incluido el derecho a rechazar el tratamiento.
  1. En el caso de niños y adolescentes, garantizar que los procesos de consentimiento sean adecuados a su nivel de desarrollo: buscar la anuencia del menor, otorgar la debida importancia a sus opiniones según su edad y madurez y – cuando la ley exija el consentimiento de los padres o tutores – involucrarlos, preservando al mismo tiempo la confidencialidad del menor en la mayor medida compatible con la seguridad y las obligaciones legales. Evaluar la capacidad de toma de decisiones caso por caso y no inferir incapacidad basándose únicamente en la edad, el diagnóstico o la discapacidad.
  1. Minimizar activamente el uso de prácticas coercitivas y sin consentimiento, tales como el ingreso involuntario y la sujeción mecánica, asegurando que se empleen únicamente como último recurso absoluto y bajo una supervisión estricta, independiente y limitada en el tiempo, conforme a la normativa legal y los derechos humanos.
  1. Capacidad jurídica: Los pacientes que viven con condiciones de salud mental tienen derecho a ejercer su capacidad jurídica en igualdad de condiciones con los demás. Poner a disposición la toma de decisiones con apoyo, incluido el uso de directivas anticipadas y la participación de una persona de confianza cuando el paciente así lo desee, y garantizar que cualquier recurso a una toma de decisiones sustituta sea excepcional, proporcionado, limitado en el tiempo y sujeto a revisión independiente.Ìý
  1. Siempre que la legislación nacional permita el tratamiento involuntario o la hospitalización obligatoria, garantizar que esté sujeto a estrictas garantías procesales y sustantivas, incluido un requisito de opción menos restrictiva, revisión judicial independiente, el derecho a representación legal y revisión periódica, y que se desarrollen y promuevan alternativas con apoyo para la toma de decisiones. La AMM se opone al uso de tratamiento involuntario como respuesta predeterminada a las condiciones de salud mental y pide una reducción progresiva de las prácticas coercitivas.
  1. Cuando la capacidad de toma de decisiones de un paciente se vea afectada, involucrar a tomadores de decisiones apoyados o sustitutos que actúen en el mejor interés del paciente y reflejen sus propios valores y preferencias.
  1. Promover el reconocimiento y el uso de las directrices anticipadas en materia de salud mental, permitiendo a las personas expresar sus preferencias de tratamiento antes de una posible pérdida de la capacidad de toma de decisiones, y establecer marcos de toma de decisiones con apoyo como alternativa al juicio sustitutivo. Recurrir al tratamiento involuntario únicamente cuando esté legalmente autorizado, éticamente justificado y se aplique el enfoque menos restrictivo posible.
  1. Abordar las situaciones de final de vida éticamente complejas con la debida diligencia y de conformidad con la legislación vigente y las directrices profesionales.
  1. Proteger a los médicos y profesionales de la salud frente a sanciones legales, la criminalización o la injerencia política al prestar atención de salud mental – basada en la evidencia, compasiva y éticamente sólida – a poblaciones históricamente marginadas, incluidas las personas con diversidad de género y las personas LGBTQ+.
  1. Límites profesionales: Mantener los límites profesionales y evitar relaciones duales (financieras, de supervisión, íntimas o que creen dependencia) que podrían afectar la opinión clínica.
  1. Minimizar el estigma: Minimizar activamente el estigma: evitar lenguaje o acciones que refuercen los prejuicios o la discriminación contra las personas que viven con problemas de salud mental.

Fortalecer el compromiso global y nacional para la atención de salud mental

  1. Reconocer la salud mental y bienestar como una prioridad de salud pública y un imperativo de derechos humanos.

Fomentar la educación, la fuerza laboral de salud y la investigación en el tratamiento de la salud mentalÌý

  1. Incluir los conocimientos y habilidades necesarios en las facultades de medicina, residencias y otros programas de formación para que los graduados puedan reconocer, diagnosticar y tratar trastornos de salud mental, incluida la depresión, ya sea como síntoma principal o junto con otra afección médica general. Los médicos en ejercicio que brindan atención clínica deben adquirir y mantener los mismos conocimientos y habilidades.
  1. Fortalecer la formación inicial y continua de los médicos integrando los determinantes sociales, ambientales y culturales de la salud mental, así como las competencias necesarias para la identificación, el apoyo y el trabajo interdisciplinario.
  1. Proporcionar capacitación adecuada y apoyo institucional a los médicos y profesionales de atención médica de primera línea para garantizar una atención segura, ética y no discriminatoria, particularmente en entornos clínicos de alta presión y recursos limitados.
  1. Garantizar una oferta suficiente de psiquiatras y otros profesionales especializados en salud mental, al mismo tiempo que se desarrolla la capacidad de los médicos de atención primaria y los trabajadores de salud comunitarios para identificar, evaluar y gestionar las condiciones de salud mental, particularmente en entornos rurales y desatendidos.
  1. Apoyar la investigación adicional en pacientes con trastornos de salud mental, de conformidad con las normas éticas y las protecciones establecidas.

Reconocer la importancia de la salud mental del médico

  1. Exigir responsabilidad institucional para proporcionar condiciones de trabajo seguras, cargas de trabajo manejables y sistemas de apoyo psicológico accesibles para el personal de la salud, en consonancia con la Declaración de la AMM sobre la atención de la salud mental de los médicos y la Declaración sobre el bienestar del médico, reconociendo que las reformas estructurales son esenciales para prevenir el agotamiento profesional.

Proteger los derechos en la era digital

  1. La telepsiquiatría se puede utilizar cuando sea clínicamente apropiado, aceptable para el paciente y en beneficio del paciente, incluso para mejorar el acceso de los pacientes que enfrentan barreras geográficas, de movilidad, relacionadas con discapacidades, de idioma, de estigma, de seguridad o de recursos. Debe incluir consentimiento informado, identificación confiable del paciente y del médico, salvaguardias de privacidad y protección de datos, responsabilidad clínica clara, vías de emergencia y derivación, y acceso a una evaluación en persona cuando sea clínicamente necesario o lo prefiera el paciente.
  1. Los pacientes tienen derecho a ser informados cuando se utilicen inteligencia artificial o herramientas automatizadas de apoyo a la toma de decisiones en su evaluación, diagnóstico o tratamiento, así como a una revisión humana significativa de cualquier decisión resultante. Dichas herramientas deben ser validadas, supervisadas para detectar sesgos y utilizadas de manera que se proteja la privacidad; la responsabilidad clínica recae en el médico y no puede delegarse en un sistema automatizado.

 

[1] , World Health Organization, 2022

[2]

Declaración, Prise de position
Acceso, Estigma, Pacientes, Salud mental

Resolución de la AMM sobre las Sanciones o Boicots Académicos

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